El Festival Internacional de Artes de Bakú en Azerbaiyán está presentando actualmente "Oh to Believe in Another World", una creación cinemusicográfica del artista y cineasta sudafricano de 71 años, William Kentridge. Descrita como una maravilla de marionetas, danza y humor, la collage animación de una hora de duración presenta coreografía en acción real realizada junto a un acompañamiento orquestal en vivo de la Décima Sinfonía de Dmitri Shostakovich. El evento cumple un doble propósito: honra el 120º aniversario del nacimiento de Shostakovich y conmemora el amor supuestamente no correspondido y la amistad de por vida del compositor con su estudiante, la pianista y compositora azerbaiyana Elmira Nazirova.

La Décima Sinfonía de Shostakovich, inspirada en Iósif Stalin y estrenada poco después de la muerte del dictador, probablemente contiene composiciones concebidas antes de que Stalin falleciera. La música se interpreta como una mezcla compleja de miedo, asombro, repulsión y una reacción histérica a la tiranía genocida de la época, mientras también expresa el duelo por los sacrificios realizados bajo ese régimen. Para visualizar estos temas, Kentridge ha creado modelos y máscaras que representan figuras soviéticas notorias como Stalin, Lenin, Trotski y el poeta Vladímir Maiakovski. El título de la obra y sus intertítulos se extraen de la poesía de Maiakovski, presentando máximas como "Perseguiremos a la humanidad hacia la felicidad con un puño de hierro".

La presentación visual utiliza una mezcla de máscaras borrosas, garabateadas y sin rostro que se asemejan a recortes constructivistas. Estos rostros, que van desde pequeños modelos hasta accesorios del tamaño real en bailarines humanos, se caracterizan por expresiones severas o nobles que contrastan marcadamente con sus cuerpos absurdos y planos. A través de la tecnología de pantalla verde, estas figuras se integran en interiores de modelos cuidadosamente elaborados, creando un efecto hiperreal donde dioramas diminutos similares a casas de muñecas se expanden a proporciones del tamaño real. La animación representa un paisaje extraño que incluye un museo soviético polvoriento, un auditorio destrozado que proyecta noticiarios y una piscina inquietantemente vacía donde Lenin aparece en un trampolín.

La narrativa se desarrolla a lo largo de los cuatro movimientos de la sinfonía de Shostakovich. El primer movimiento, Moderato, muestra fotografías de rostros pertenecientes a personas destinadas a la eliminación estatal, mientras que el propio Shostakovich aparece como un director de orquesta en forma de marioneta. El segundo movimiento, Allegro, acelera su tempo con referencias visuales a "El hombre de la cámara" de Dziga Vertov. En el tercer movimiento, Allegretto, se muestra a Nazirova bailando, pero la escena se vuelve violenta cuando Stalin, representado con su característica leve media sonrisa, saca un arma y comienza a disparar. El movimiento final, Andante Allegro, presenta la retirada de las máscaras y la intrusión de la propia mano gigante de Kentridge en el encuadre.

Los críticos señalan que, si bien la obra trata sobre una pesada tragedia histórica, posee un humor inesperado reminiscente de las animaciones de Terry Gilliam para Monty Python o la sátira de Charlie Chaplin sobre Hitler. La yuxtaposición de rostros monumentales sobre cuerpos bailando crea un efecto absurdo que desafía la gravedad del tema a través de la comedia negra. A diferencia de muchos eventos de cine mudo donde la música lucha por coincidir con la pantalla, esta producción fue creada específicamente para la música. La pieza captura el anhelo de "otro mundo", reflejando tanto el idealismo de la Revolución de Octubre como el deseo posterior de derrocar la tiranía estalinista que siguió.

Fuentes: The Guardian Film.